lunes 6 de diciembre de 2010

Los medios de comunicación / paradoja de la democracia (En nombre de la democracia nos impiden vivir en ella.) Editado por Victor Murkies.  

 Extraído del libro Rich Media, Poor Democracy
de Robert McChesney The New Press, 1999

La comunicación es tan entrelazada con la economía y la cultura que nuestra época ha sido llamada la Era de la Información. Sentados en la cima de esta web un puñado de empresas de medios de comunicación masiva solo en los últimos 15 años han decuplicado su tamaño, son imperios mundiales. Independientes del control gubernamental, estos gigantes ofrecen una cantidad de opciones inimaginable una
generación o dos atrás. Y encuentran un público acogedor: por ejemplo, el estadounidense promedio consume varias horas por día, creciendo 4% cada año su tiempo de uso El auge de Internet solo ha acentuado la tendencia (su efecto es simplemente ampliar el papel de los medios de comunicación en la vida de las personas).
Por otra parte, a pesar del aluvión de información, o tal vez gracias a
él, nuestra época es cada vez más despolitizada, las nociones tradicionales de participación cívica y política no han dejado de desplomarse durante los últimos  treinta años. La participación en las elecciones de EE.UU, no ha dejado de caer, transformándola, para emplear una frase acuñada por Robert Entman, en una "democracia sin ciudadanos."
Si esta es, en efecto, una democracia sin ciudadanos, el sistema de medios de comunicación tiene mucho que responder en que  los medios de comunicación se hayan convertido en una significativa fuerza antidemocrática en los Estados Unidos y, en mayor o menor grado, en todo el mundo. Los más ricos y poderosos gigantes de los medios corporativos se han convertido en el peor de los  enemigos de la democracia participativa. Esta concentración acentúa las tendencias centrales de un carácter lucrativo, donde nada es gratis, con sistemas de medios de publicidad hipercomercializados y  con la denigración del periodismo y el servicio público.
Se trata de una píldora venenosa para la democracia.
Tampoco es la disminución de la democracia frente a este auge en la riqueza de los medios de comunicación una contradicción. A través de la propiedad y a través de su dependencia de la publicidad, los medios son dominados por las grandes empresas en la economía.  El máximo beneficio  empresario es tener un sistema democrático formal, pero que funciona con la población despolitizada y las élites tomando las
decisiones fundamentales sin interferencias.
Los medios de comunicación han llegado a ser expertos en generar un tipo de público, de receptores pasivos, meros consumidores, que se adaptan, y perpetúan el statu quo.
Una reforma de los medios sólo puede tener lugar si se parte de un movimiento político más amplio de cambio de poder de la minoría a la mayoría.
Por el contrario, cualquier intento significativo para democratizar los Estados Unidos, o cualquier otra sociedad, debe hacer de los medios de comunicación una parte de la reforma.
La última carta de triunfo del conservadurismo y la reacción, después de que todos sus argumentos han sido desacreditados, es que no hay posibilidad de cambio social para mejor, por lo que es una idea que ni siquiera vale la pena reflexionar, y mucho menos perseguir.
Esta tarjeta se ha jugado por las élites gobernantes desde los albores de la civilización, pero nunca lo ha sido agitada con mayor ferocidad que en el final del siglo XX.
 Se ha desmoralizado a los movimientos sociales y a la vida pública. Y es una mentira, la mentira más grande de todas. El mundo está cambiando rápidamente y lo está haciendo, por las decisiones adoptadas por los actores que trabajan dentro de un sistema social específico.
En todo caso, los seres humanos tienen ahora una mayor capacidad de alterar su destino que nunca. Aquellos que se benefician por el statu quo lo saben bien.
Ellos quieren asegurarse de que ellos son los que llevan las riendas, quieren que todos los demás a acepten sus privilegios como "naturales" e inmutables.
El deber de los demócratas, y especialmente de los intelectuales democráticos, es rasgar el velo de este poder, y crear conciencia que el poder y la toma social de decisiones puede ser tan inteligente e igualitario como posible.
De hecho, el término "democrático" es aplica para describir cualquier cosa o conducta buena, mientras que palabras como "fascista" se utilizan para describir un comportamiento negativo.
Por lo tanto, lo que se entiende por ser una sociedad democrática, varía considerablemente con los supuestos y los valores de la persona que hace la reclamación.
 Genéricamente  es la intención de sugerir que los ciudadanos gozan de derechos y libertades individuales, incluido el derecho a votar en las elecciones, y que el poder arbitrario del gobierno se mantiene en jaque por una constitución y leyes y un sistema legal que las impone.  
Lo que brilla por su ausencia de las nociones de una democracia delegativa es algo que tiene mucho que ver con la democracia, la idea de que los muchos deben tomar las decisiones políticas fundamentales. De hecho, algunas personas argumentarían que los Estados Unidos, en ese sentido del término esta lejos de ser una sociedad democrática. Muchas decisiones fundamentales son privilegio del sector empresarial y la mayoría de las decisiones tomadas por el gobierno son influenciadas por poderosos intereses particulares con poco o ningún conocimiento del público.
Como Ellen Meiksins Wood ha señalado de manera brillante, para entender lo que se llama la democracia en los Estados Unidos y, cada vez más, en todo el mundo, es mejor pensar en como se desarrolló en Europa el movimiento para proteger los derechos de los señores feudales y de los monarcas. Y que más tarde, con el surgimiento del capitalismo, se convirtió en un importante conjunto de principios para proteger, entre otras cosas, la propiedad privada del estado, sobre todo un estado que podría ser controlado o cuando menos sacudido por las protestas de una mayoría de desposeídos.
En los Estados Unidos hoy en día, algunos van tan lejos como para definir la democracia, en primer lugar, como la libertad individual de comprar y vender propiedades y el derecho a invertir para obtener ganancias.
Que exista una distinción, que no alcancen estas libertades, para garantizar otras mas, como los derechos democráticos de libertad de expresión, libertad de prensa y libertad de reunión se desestima categóricamente.
Lo absurdo de esta igualación de derechos de mercadeo con libertad política, de capitalismo con democracia, ha sido evidente durante todo el siglo XX con decenas de naciones que han protegido los derechos de mercado, a través de  dictaduras políticas, genocidio incluido.
Cuando la democracia se define como mercadeo, la noción de gobierno del pueblo, en lugar de ser el corazón y el alma de la democracia, se desplaza a los márgenes. En términos estrictos, lo que distingue un régimen político de una oligarquía política es que los ciudadanos se reservan el derecho a votar en las elecciones, aunque tienen poco control sobre lo que hacen los políticos durante su mandato.
Pero donde las elecciones son más bien dudosos emprendimientos de recolección de fondos, que se parecen a una subasta, con grandes sumas de dinero apostándose a favor de uno u otro candidato, y con la esperanza de los inversores de cobrarse, si gana el propio candidato, con  fondos públicos y prebendas del estado.
Como los candidatos no quieren desalentar posibles donantes, el debate de
campaña casi siempre evita una definición sobre cuestiones básicas, y las opciones en la boleta electoral son en su mayoría sin consecuencias, pues las decisiones importantes van a tomarse después de las elecciones.
Por lo que incluso este derecho democrático al voto parece trivial.
Sin embargo, en el pensamiento dominante de la existencia de este derecho al voto es lo que califica a un régimen político como una democracia.
Al invocar el término democracia, entonces, lo digo en el sentido clásico, como la regla de la mayoría, pues las necesidades de las minúsculas clases inversionistas nunca puede ser equiparado a las necesidades de la ciudadanía o con las bases de una democracia. Una sociedad como Estados Unidos, que tiene la desigualdad rampante, una mínima
participación popular en la toma de decisiones, y una despolitización generalizada no puede ser considerada como democrática en un uso honesto de la palabra. Cuando hablo de "democratización" de nuestra sociedad, quiero decir que debemos crear mecanismos que hagan posible el dominio de los muchos.
Esto significa, entre otras cosas la reducción de la desigualdad social y el establecimiento de un sistema de medios de comunicación que sirve a toda la población y que promueve la democracia.
 En resumen, la democracia formal es donde el sector político controla poco y discute, incluso menos.
En este mundo político la apatía y la indiferencia son una elección bastante racional para el grueso de la ciudadanía, especialmente para aquellos que viven por debajo de la linea de pobreza.
La democracia formal  ha crecido como un fenómeno mundial durante las últimas dos décadas. De hecho, el deseo de los ricos de vaciar la democracia es anterior al capitalismo, de hecho el sufragio universal es una novedad del siglo XX
En resumen, la naturaleza y la calidad de la democracia en las sociedades desiguales es siempre el resultado de los conflictos y la lucha entre grupos rivales.
La formalización de la democracia se debe principalmente a que los pocos son dominantes política e ideológicamente y capaces por tanto de infligir su voluntad sobre la población desorganizada y sometida.
Los medios de comunicación / paradoja de la democracia tiene dos componentes.
Por un lado, el tema mismo de la que controla el sistema de medios de comunicación y para qué fines, no es una parte del debate político contemporáneo. En cambio, existe la presuposición de que una búsqueda de ganancias, en el sistema de medios de comunicación, como en salud, educación y seguridad, es fundamentalmente correcto, y que la mayoría de los problemas pueden ser resueltos en su mayor parte con menos regulación, que (teóricamente) producirá el elixir mágico de la competencia.
Esto no es un accidente, sino que refleja sobre todo el poder económico de las corporaciones mediáticas.
El segundo componente de los medios de comunicación / paradoja de la democracia es su ideología: "dar al pueblo lo que quiere", "los medios son innatos y americanos", que el “si no vende no es noticia” del periodismo comercial es democrático y protege al público de “influencias nefastas”, que la diversidad de medios y  las nuevas tecnologías garantizan la democracia, ya que “todo cambio de negocio es democracia en accion”, y, quizás lo más importante, que la libertad de prensa(de empresa de prensa) es intocable.
Estos mitos se presentan como verdades incuestionables, y casi siempre la historia es invocada para proporcionar pruebas para cada una de estas afirmaciones.
La falta de debate democrático sobre la naturaleza de nuestro sistema de medios de comunicación Sumada a estos mitos, mentiras o verdades a medias, nos impiden  comprender nuestra  propia situación y gobernar nuestras propias vidas.
En nombre de la democracia nos impiden vivir en ella.  
 ...

sábado 4 de diciembre de 2010

Ventajas e inconvenientes de la reproducción asexual (verticalista)
Entre las ventajas biológicas que conlleva están su rapidez de división y su simplicidad, pues no tienen que producir células sexuales, ni tienen que gastar energía en las operaciones previas a la fecundación. De esta forma un individuo aislado puede dar lugar a un gran número de descendientes, por medios como la formación asexual de esporas, la fisión transversal, o la gemación; facilitándose la colonización rápida de nuevos territorios.
En cambio, presenta la gran desventaja de producir una descendencia sin variabilidad genética, clónica, al ser todos genotípicamente equivalentes a su parental y entre sí. La selección natural no puede "elegir" los individuos mejor adaptados (ya que todos lo están por igual) y estos individuos clónicos puede que no logren sobrevivir a un medio que cambie, pues no poseen la información genética necesaria para adaptarse a este cambio.
¿No es la historia de los rigidos militarismos del siglo XX?

sábado 3 de julio de 2010

¡ Pueblo !, ¿que es el Pueblo?

Ya que el estado democratico es el gobierno del pueblo entonces ¿que es el Pueblo?

"... Paciente con el diagnostico de "gripe", consultó la guardia hace una semana, ya lleva 6 dias con fiebre y dificultad respiratoria, en consultorio externo 2 veces. Le dieron paracetamol . Nadie lo ascultó. El murmullo vesicular del heitorax derecho ha desaparecido, (traducido no entra aire en ese pulmon derecho). Lo interné hoy, y está grave.
 Perdon por el vomito, pero estoy asqueado."

No hay nada que perdonar, es una pregunta muy justa que yo me hecho durante toda mi vida.
Y a los 57 años lo explico así.

El mundo se divide en empleados y empleadores y la función ”empleado”, hace al órgano ser humano, parte del pueblo o como quieras llamarlo.

Es odioso decirlo pero el funcionario, es mejor funcionario cuando olvida sus demás lugares, sus demás funciones en la sociedad, como parte solidaria de la sociedad en la que vive. Y por el contrario cuando tú y yo tomamos conciencia de nuestra humanidad, pues le estamos robando tiempo al patrón. Que no nos paga por eso.

El estado tiene diferentes funciones que como en este caso se superponen, el atender a la salud (a la educación y a la seguridad) en forma gratuita pero no tan eficientemente que le quite el negocio a la empresa privada y, al mismo tiempo, funciones represivas muy claras sobre los marginales que caen en ellos, y estas últimas funciones no necesariamente se le informan al personal que trabaja en ellos, pero se les corrompe con prejuicios y a los que los cumplen si cuestionar se los premia con ascensos…

Si comprendes a los represores de tiempo completo, también debes comprender a los funcionarios como tú, que además de explotar y reprimir tienen otras funciones como atender a la salud, educación y seguridad de todos.

Yo lo veo mas claro porque lo veo desde afuera (soy un desempleado) y como veo en todas partes que el trabajo que me ofrecen incluye no solo acciones positivas como ganarme el pan y desarrollar una función útil para la sociedad, sino también las malas funciones como las de explotar y reprimir al prójimo.

Entonces elijo, igual que tú, el cumplimiento parcial: separo las funciones positivas de las malas y solo cumplo las primeras. (cuando el patrón se aviva en general me echa), pero esa ya es otra historia.

Empleados del mundo uníos...para cumplir solo buenas funciones.

jueves 20 de mayo de 2010

No se como cambiarlo ¿que quiero?

El 3% de la población controla el 80% de la riqueza del planeta, a esta altura ¿por que querrían cambiar algo? si la riqueza fuera de todos, en el mejor de los casos solo podrían tener 20% mas y, a cambio perderían el control sobre el 80% restante que ya es o propiedad privada o concesionada, gerenciada o financiada por privados.
En cuanto al 97% restante: al 80% de ellos, no le gusta su trabajo, nadie va a arriesgarse por una mejora en un trabajo que no quiere hacer. Tampoco existe la clase media en el deseo de la gente, todos somos pobres que padecemos la quimera del oro y soñamos con tener, mucho que perder y poco que ganar, con el cambio social.
Yo no soy de ese 80%, quiero: salario minimo vital y movil para todos y estudio para que cada uno aprenda a trabajar en lo que le gusta Mi proyecto nacional es que todos seamos Estudiantes Asalariados de la Nación.

miércoles 12 de mayo de 2010

¿Existe el libre albedrío o sólo racionalización de la obediencia hipnótica?

El pensamiento autoritario y su correlato en los discriminados, el autodesprecio, es algo similar a lo que nos enseña la experiencia de Berheim:
El médico ordena al hipnotizado: cuando truene mis dedos, despierta y cuenta hasta tres.
Cuando el médico truena los dedos, el paciente despierta y cuenta hasta tres. El médico le pregunta por qué lo hace, pero para evitar la pena social de declarar que no sabe por qué lo hace, racionaliza su respuesta afirmando que repasa lo que debe hacer durante el día o cualquier otra cosa.

Es decir, la hipnosis implica: 1) obediencia compulsiva de la orden hipnótica; 2) olvido de la orden original y, 3) justificación o sustitución de la amnesia con alguna respuesta “racional” (racionalización). ¿Existe el libre albedrío o sólo racionalización de la obediencia hipnótica?

Los estereotipos, prejuicios y racionalizaciones, no son acaso, hipnosis mutua colectiva, una prisión mental en la que vivimos todos, aunque algunos queramos liberarnos. . Todo nuestro pensamiento nos lleva a evadir el enfrentamiento necesario con las tradiciones, los prejuicios, la moral y las creencias de esa prisión mental.
Evadimos el acto de verla claramente porque ver nuestros prejuicios, como la compleja prisión que son es doloroso, es sufrir.

¡ Pero si no la vemos, jamás podremos ser libres !


lunes 26 de abril de 2010

Resignación

Por Santiago O’Donnell
El mundo|Domingo, 4 de abril de 2010

Primero vino el horror. Esa foto de la estación de subte Park Kultury de Moscú con cadáveres desmembrados en la puerta de un vagón. El mismo escenario, horas después, cubierto de flores, velas y caras tristes.
Después vino el miedo. La inseguridad. La sensación de que algo había cambiado en esa inmensa, moderna y cosmopolita ciudad que es Moscú, y en ese inmenso, orgulloso y ascendente país que es Rusia. Un país que es potencia mundial, segundo exportador de petróleo detrás de Arabia Saudita y primero de gas natural, del cual depende gran parte de Europa para pasar el invierno. Un país que vivió el colapso y desmembramiento de la Unión Soviética como un trauma y recuerda la década de los ’90, la de la transición democrática, como una de sus peores, un cóctel de libremercadismo, burocracia estatal y corrupción que lo dejó arrodillado ante Occidente, con jubilaciones irrisorias que no siempre se pagaban, con un presidente con fama de borracho como Boris Yeltsin como símbolo de su patética debilidad. Tan patética como sobreactuada. En 1994, para demostrarle al Kremlin y al mundo que el oso ruso había despertado, Yeltsin mandó al ejército ruso a invadir Chechenia, una república en los Cáucasos de mayoría islámica que había declarado su independencia el año anterior. Ese ejército entrenado para combatir tropas de la OTAN entró con sus tanques a Grozny, la capital chechena, y la destruyó. Más de 60.000 personas, casi todos civiles, murieron durante la invasión y miles más perdieron sus casas y se desperdigaron por toda la federación rusa. Prácticamente no quedó nada. Mejor dicho, quedó la insurgencia y la sed de venganza y dos años más tarde las tropas rusas se retiraban derrotadas y humilladas. Ahora el nuevo líder de la resistencia chechena, heredero de esas luchas, dice que él mandó a volar las estaciones de subte en Moscú, nervios de un sistema que es el orgullo nacional en Rusia, como las Torres Gemelas eran orgullo nacional en Estados Unidos.
Después vino el enojo. Todavía no habían enterrado a las víctimas cuando Vladimir Putin, el hombre fuerte de Rusia, apareció en la televisión. Se lo veía lívido, casi desencajado. Dijo que iba a sacar a los terroristas de las cloacas, que iba a aniquilarlos, que iba a exterminarlos. En 1999, cuando era primer ministro, Putin mandó al ejército ruso de vuelta a Chechenia, para terminar el trabajo que Yeltsin había dejado inconcluso. Meses después Putin asumía la presidencia rusa con la promesa de limpiar Chechenia de terroristas. Tras dos años más de tanques y bombardeos, en 2002 Putin pactó una tregua con el líder separatista Akhmad Kadyrov, quien al año siguiente fue elegido presidente de Chechenia. En 2004 una bomba mató a Akhmad Kadyrov. En 2006 asumió la presidencia chechena su hijo, Ramzan Kadyrov, un notorio violador de derechos humanos al servicio del Kremlin que lanzó escuadrones de la muerte de la policía secreta rusa contra los insurgentes y sus familiares. Según Human Rights Watch, desde 2002 unos 5000 chechenos, en su mayoría jóvenes, fueron “desaparecidos” por las fuerzas de seguridad rusas y chechenas. A poco de asumir Akhmad Kadyrov, Putin proclamó orgulloso que había terminado con el terrorismo y replegó sus tropas del Cáucaso. “Recibimos la noticia con satisfacción —le contestó el presidente checheno—. Chechenia es hoy un territorio pacífico y en desarrollo. La cancelación de la operación antiterrorista sólo servirá para promover el crecimiento económico en la república.” Pero la guerra no había terminado. Había mutado. Ya no era tan sólo un conflicto separatista. Aunque nunca se comprobaron los vínculos con la red Al Qaida, los grupos islamistas del Cáucaso habían adoptado el lenguaje, la ideología y las tácticas de los yihadistas de Medio Oriente y Afganistán. Así empezó el reclutamiento de “viudas negras” para llevar adelante atentados suicidas. Mientras Putin comparaba a los terroristas chechenos con los seguidores de Bin Laden, toda Rusia empezó a llamarlos el Emirato. En los últimos años el Emirato había trasladado sus operaciones a las vecinas Igusetia, Daguestán y zonas aledañas, en vez de dar pelea franca en Chechenia o llevarla a Moscú. Algo parecido había hecho Al Qaida en la península arábiga, cuando trasladó sus operaciones al caótico Yemen para escaparle al estado policial de Arabia Saudita. Todo terrorismo es brutal, pero el salvajismo del Emirato es legendario. En septiembre de 2004, un comando del Emirato asaltó una escuela de Beslan, en Osetia del Norte. Tomó 1500 rehenes y empezó a tirar cadáveres por la ventana hasta que las fuerzas de seguridad retomaron el edificio a sangre y fuego. La batalla dejó un saldo de más de 300 muertos, incluyendo 171 niños, casi todos baleados por la espalda mientras intentaban huir. Al día siguiente, cuando un grupo de periodistas occidentales le preguntó a Putin si no había llegado la hora de negociar con los separatistas chechenos, el hombre fuerte de Rusia respondió con sarcasmo: “¿Y por qué no se reúnen con Bin Laden? Invítenlo a Bruselas o a la Casa Blanca, abran negociaciones, pregúntenle qué quiere y dénselo así los deja en paz”.
Después vino la negación. En Moscú se vivía una falsa sensación de seguridad porque habían pasado seis años desde el último atentado. Putin aseguraba que el terrorismo se había terminado y la red federal de televisión es la principal fuente de información para millones de moscovitas. Bajo un férreo control del Kremlin, sus programas evitaban reflejar lo que estaba pasando en el Cáucaso. Pero desde 2009 hubo al menos 15 atentados suicidas en el sur de Rusia, según estimó The New York Times. El último verano ruso fue de los más violentos que se recuerden en la zona del conflicto. En agosto pasado un camión-bomba se estrelló contra una comisaría en Igusetia, matando a veinte personas e hiriendo a 138. Después de las víctimas, el principal perjudicado fue Yunus-Bek Yevkurov, el presidente, populista, de ese país, que había sido elegido el año anterior con una plataforma de negociación con las fuerzas separatistas. Yekurov había sido herido en un ataque al convoy en que viajaba en junio del año pasado y ya había perdido a un par de ministros en ataques terroristas desde su asunción cuando ocurrió lo del camión-bomba. Pero el Kremlin no fue compasivo. “Sugiero que esto no es sólo el resultado de problemas relacionados con el terrorismo, sino que también es el resultado de un trabajo insatisfactorio de las agencias de seguridad en la república”, dijo en un comunicado el presidente Dimitri Medvedev, el delfín de Putin, para concluir: “Este ataque terrorista pudo haberse prevenido”. Debilitado, Yekurov debió aceptar que su brutal colega checheno mande a sus comandantes a Igusetia para llevar adelante acciones contraterroristas. Pero no sólo había fracasado la postura dialoguista de Yekurov en Igusetia. El terrorismo de Estado del carnicero Kadyrov tampoco había funcionado en Chechenia. Además de convertirse en una fábrica de terroristas para Igusetia y Daguistán, Kadyrov ni siquiera conseguía pacificar a su propia república. Una semana después de la voladura del camión en Igusetia, cuatro altos jefes policiales morían en un ataque suicida en Grozny. Todo eso pasó el verano boreal pasado. Ahora empieza otro verano, otra temporada de terrorismo que arranca con un atentado en Moscú, como viene sucediendo periódicamente desde la invasión de Yeltsin. En los últimos veinte años terroristas chechenos destruyeron edificios enteros, tomaron un teatro lleno de rehenes y mataron a políticos y policías en la capital rusa. En 2004 dos mujeres chechenas se habían inmolado en el subte de Moscú, matando a cincuenta personas. Esta semana una adolescente de Daguestán de diecisiete años y una joven de veinte, también del Cáucaso norte, repitieron el logro. Según anticipó el líder del Emirato de los Cáucasos al adjudicarse los últimos atentados, va a ser un verano movido. Putin contestó que iba a destruir a los terroristas, repitiendo casi palabra por palabra lo que prometió en 1999 cuando llegó a la presidencia. Pero esta vez sus palabras sonaron huecas.
Después vino la resignación. Putin sigue siendo por lejos el político más popular de su país. Un duro, un orgullo. En Rusia hay muñequitos Putin, personajes de historieta Putin, hasta escarbadientes marca Putin hay. Los jueces le responden. Maneja la Legislatura como si fuera la Duna soviética. Medvedev le cuida la presidencia hasta la próxima elección, y sólo está donde está porque Putin no podía presentarse. Los empresarios que lo enfrentaron están muertos, presos o exiliados. La oposición no junta más de 200 personas cuando consigue permiso para reunirse, y cuando se juntan deben soportar los insultos y las escupidas de los cuadros juveniles pro-Kremlin que armó Putin para hostigarlos. Putin se formó en la KGB, sus principales colaboradores provienen de la agencia de espionaje soviética y hoy esa élite controla a la policía secreta FSB, que es una de las instituciones más importantes de Rusia, cumpliendo funciones parecidas a las de la KGB en los tiempos soviéticos. El terrorismo es enemigo de la democracia. En cambio, a los dictadores y a los líderes autoritarios les calza muy bien. En el 2004, después de una serie de atentados, Putin aprovechó para eliminar por decreto las elecciones para gobernadores regionales, y desde entonces los designa el Kremlin. Con los atentados del subte de esta semana largó la campaña para reinstalar la pena de muerte en Rusia. Con el 9/11 llegaron los secuestros, las torturas y las cárceles secretas de Bush. En Colombia, cada vez que aparecen las FARC, ya sea para atacar, ya sea para devolver rehenes, se fortalecen Uribe y su política de mano dura, y se debilita la oposición democrática. Israel responde a los cohetes lanzados desde Gaza con bombardeos masivos. Cuando mueren civiles al voleo, no importa la causa, los gobernantes blandos se vuelven duros y los duros echan mano al terrorismo de Estado. Pasó acá, pasa allá, sigue pasando en todo el mundo. Entonces el horror se convierte en miedo, y el miedo en enojo, y el enojo en negación, y la negación en resignación, en reelección de los tiranos.

lunes 19 de abril de 2010

Porque se pasa de colonias a neocolonias

Cómo se conquistó el pacto neocolonial
Por José Pablo Feinmann Editado por Victor Murkies
http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/contratapa/13-144108-2010-04-18.html
Domingo, 18 de abril de 2010
Alguien tan inteligente como el marxista peruano José Carlos Mariátegui nos dice: “Enfocada sobre el plano de la historia mundial, la independencia colonial se presenta decidida por las necesidades del desarrollo de la civilización occidental o, mejor dicho, de la civilización capitalista” (José Carlos Mariátegui, Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, Ediciones El Andariego, Buenos Aires, 2005, p. 16). Y añade: “Mr. Canning, traductor y ejecutor fiel del interés de Inglaterra, consagraba (...) el derecho de los pueblos a separarse de la metropoli y, anexamente, a organizarse republicana y democráticamente. A Mr. Canning, de otro lado, se habían adelantado prácticamente los banqueros de Londres que, con sus préstamos –no por usurarios menos oportunos y eficaces, habían financiado la fundación de las nuevas repúblicas” (Ibid., p. 17). Los nuevos gobiernos nunca fueron populares ni tenían cómo serlo. Moreno, que deseaba ser Robespierre, carecía de una burguesía revolucionaria. Tenía a unos tenderos, a unos mercaderes del puerto que deseaban importar mercancías del exterior e introducirlas en el país. Y a unos terratenientes que buscaban mercados externos donde vender su trigo y sus vacas. De aquí que estuvieran en contra de la metropoli. Sólo porque no querían esclavizarse a un mercado único, sino vender a otros. San Martín llega al país en una nave que lleva por nombre George Canning. Los brillantes intelectuales de la generación del ’37 proponen cambiar el español por el francés. En sus Viajes: “He estado en Europa y España”. Todo está claro: las revoluciones  tuvieron como objeto salir del dominio español y tener la libertad de formar parte del desarrollo del occidente capitalista. Cito (para que no se enojen sólo conmigo los que imaginan a un Moreno y a un Castelli prefigurando a un Ernesto Guevara) a Milcíades Peña: “La llamada ‘revolución’ tuvo un carácter esencialmente político. Lo que Mariátegui observó en Perú vale para todos los pueblos colonizados: La revolución no representó el advenimiento de una nueva clase dirigente, no correspondió a una transformación de la estructura económica y social” (Milcíades Peña, Antes de Mayo, Ediciones Fichas, 1970, p. 76). Alberdi, José Luis Busaniche, el entrañable y riguroso Salvador Ferla, el biógrafo de Moreno Boleslao Lewin y muchos otros.
Pero deseo agregar un par de elementos fundamentales. Dejo de lado los pasajes del Plan de Operaciones en que Moreno sugiere entregar la isla de Martín García a Inglaterra para que nos proteja o sus exultaciones sanguinarias (típicamente jacobinas) o sus elogios a la delación. Vamos a otra cosa. Moreno no tenía lo que tuvo Robespierre: una burguesía revolucionaria. Por consiguiente, todas sus brillantes ideas revolucionarias (la expropiación de las grandes fortunas, por citar una) giraban en el vacío. Tampoco era heredero de las Juntas españolas porque su Junta era una y no tenía arraigo popular. Esta figura que dibuja Moreno (la del ideólogo revolucionario sin clase social que en que apoyarse) será también la de Lenin: el revolucionario socialista sin proletariado urbano. Lenin tenía un problema muy simple: si quería hacer la revolución siguiendo las indicaciones de El Capital tenía que esperar 50 años. Que la burguesía se desarrollara y diera origen al proletariado revolucionario. Jamás. Ideó la teoría de la vanguardia. Una élite de intelectuales (que conocían las leyes del desarrollo histórico) formarían un partido de vanguardia y entregarían al proletariado la “ideología revolucionaria” evitando así el pasaje por la etapa capitalista. Esa sería la “dictadura del proletariado”, pero dirigida por una vanguardia que ejercería una tutela ideológica sobre ese proletariado modelando su conciencia revolucionaria y ahorrándole el pasaje por el infierno de la etapa capitalista. Todo esto tenía que terminar mal. El Partido de Vanguardia se convierte en Partido de la Burocracia. La teoría revolucionaria en un forzado dogma. El Partido elige a un líder. El líder se transforma en dictador y da inicio a la etapa del culto a la personalidad. Lenin no vio esto porque se había muerto, pero el diagrama le pertenece. Moreno razonaba de un modo similar. No tenemos una clase social que nos apoye. No importa: la vanguardia hará la revolución. Escribe en el Plan de Operaciones: “Los pueblos nunca saben, ni ven, sino lo que se les enseña y muestra, ni oyen más que lo que se les dice”. Pero la ausencia de masas en su proyecto, la ausencia de una clase social poderosa que lo apoye determina su derrota. El resto es otra historia. La de las Revoluciónes Nacionales es la que acabamos de narrar.